Translate

martes, 19 de mayo de 2015

Y él viejo y yo joven.

El hijo que no tuve ya es más viejo que yo. Su pelo es blanco y almidonado, nada oscuro en él se ve. Surca su rostro la selva que nunca cubrió mi cara, es un hombre maduro y realizado. Todos lo reconocen como alguien a quien seguir. Quizás me hubiera gustado ser como él, seguir sus pasos sin saber que es hoy lo que nunca imaginé que sería. Lleva mi nombre y lo llaman como a mí, pero no es a mí a quien llaman sino a él y sus victorias, sus logros, sus trofeos. Yo, en cambio, nada puedo decir a mi favor, al fin y al cabo, nadie me escuchará, mi voz querrá salir, pero no hará eco donde no entra el aire, así que chocará en seis paredes, unas más grandes que otras, y seguiré en ese mundo del olvido, tal vez del recuerdo de los que aún guardan alguna gota de amor por mí, que al ser derramada me lleva más al exilio de la infinita ausencia. Ahí está él, mientras tanto, cosechando los éxitos que no coseché, lo veo anciano, en una digna pose que nunca logré; habla con paciencia, con esa cordura que se adquiere con los años, con esa paz que otorgan las arrugas. Y yo, rendido, tomo nota de lo que soy, de lo que él es y de lo que a través de sus actos, con él viejo y con mi yo joven, acontece. Siempre seré el muchacho que admirará la obra de su hijo ya mayor, de ese que fue niño y adolescente y hombre adulto y que hoy es una bella extensión del árbol de la vida, que mientras cae toda marrón y arrugada y raramente inmarcesible, ya alimenta el presente y el futuro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario