Música y silencios.
La aguda nota de su canto
selló el sonido, marcó el silencio,
abrió una brecha hacia el cielo
con un relámpago que calla voces, almas.
Una, dos, tres, diez, veintisiete, decenas, cientos de vidas,
coincidentes todas en aquella trampa musical,
volaron a otro plano, donde el ruido no llega,
donde dejamos de ser forma para ser memoria u olvido...
A nosotros, los vivos, quienes a deber quedamos
sólo nos resta llorar, recordar y reír,
agradecer el aire, los sueños, los despertares,
la paradójica tragedia del dolor que nos recuerda la vida,
tan frágil, tan corta, pero tan bella.
Agradecer por nuestros hijos, por nuestra comunión familiar,
por el legado de nuestros ancestros, por todos los problemas.
Estamos aquí, sin esos espíritus quedos,
sin la algarabía de sus latidos,
en este indiferente orbe a las tragedias animales,
tratando de entender el azar o a esa ensoñación llamada destino
Tañen las campanas el camino hacia lo eterno
por esas almas que nos dejan,
entre escombro y sufrimiento,
adelantando su partida hacia tierras más tranquilas
recordando poco a poco
que este baile por la vida
es prestado y siempre termina.
9 de abril de 2025.
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